El capital erótico.

Pero acá no se trata de esa
“belleza” tradicional o medirse según las normas de cada momento. La belleza es
fría, dice Hakim. Y claro, todo corresponde a medidas perfectas, equilibrio,
casi reglas matemáticas, en las cuales sólo algunos calzan. ¿Y el resto? No
está todo perdido, ya que el capital erótico se relaciona más bien con el
atractivo, con esas características y actitud que hace a muchas personas más
interesantes que muchas bellas o bellos. Rasgos y sellos propios que cada
persona debería aprovechar y hacer relucir.
Pensando en las mujeres creo
que muchas veces está el dilema de enfrentarse al boicot de algunas
manifestaciones de la sociedad machista. En todas partes se muestran a las
mujeres sus atributos y sensualidad, especialmente en el mercado y la
publicidad. Pero son mujeres en un molde, casi que todas deben ser iguales.
Pero además, en la vida corriente una mujer que muestre "más de la
cuenta", no será bien mirada, o mejor dicho será mirada en exceso por
hombres y mujeres, bajo la lupa del prejuicio. Fácil, frívola… (Agregue la que
se le venga a la cabeza).
¿Qué tiene de malo? Nada. Sin
embargo, en la mente de muchas mujeres existe una pequeña voz castradora que la
limita a vestirse, caminar y ser sensual como ella desearía. Creo que es esa
misma voz la que se manifiesta cuando se critica a otra mujer. Que muy
apretada. Que mucho color. Que demasiado accesorios. Que tiene guata para usar
eso. Uff! Es ahí cuando ese deseo frustrado se manifiesta y habla sin piedad.
Porque si se piensa, cada persona tiene el derecho de vestirse como desee y no
debería molestarnos, pero muchas veces se siente como un ataque, una agresión a
esa parte que se mantiene escondida y que encuentra en el prejuicio espacio
para manifestarse.
Vean una entrevista que en el
diario español La Vanguardia donde Catherine Hakim explica un poco más sobre
esto. Y creo que sería bueno practicar la libre expresión de cómo deseamos ser,
junto con una gran cuota de solidaridad de género, para dejar que ese capital
sea libre de expresarse. Hace poco me pasó ver a una mujer cerca de los
cincuenta, que vestía unos pantalones verdes un poco tranparentes, yo caminaba
detrás de ella y me fijé en que se dejaba ver su calzón, pequeño y negro. Mi
primera impresión fue decir, "ay, se le ve el calzón", pero después
pensé ¿Y qué tiene? Nada. No tiene nada que una mujer a los cincuenta se sienta
sensual y quiera provocar. Es la eterna pelea entre ser Luna (madre) o ser
(Venus) que se da todos los días.
Publicado por Paulina
Sepúlveda G.
0 Comments:
Publicar un comentario
<< Home