Circulo Sagrado de Mujeres.

A las mujeres, a lo femenino sin principio ni fin, a la unión de la mujer como ser único, cuyo círculo sirve de protección y al mismo tiempo, como liberación. Este es un llamado a formar un espacio de comunicación en la que el apoyo, la comprensión y hasta la complicidad son valores esenciales, sin dejar a un lado lo sutil, lo sensual y lo maternal. Un llamado a danzar nuestros procesos en el no tiempo.

domingo, septiembre 02, 2007

El Amor

Habitualmente comprendemos el amor como una reacción que, por algún motivo —belleza, simpatía, inteligencia—, nos provoca otra persona. Creemos que su surgimiento y permanencia dependen del estímulo exterior y solemos percibirnos como seres pasivos frente a él: el amor es algo que «nos ocurre» y, por lo tanto, también nos deja de ocurrir.

Sin embargo, si entendemos que el amor es la fuerza que une a todo lo que existe, comprenderemos que es posible vivirlo en otra dimensión. Que aquel amor del que nos hablan las tradiciones espirituales es simplemente de otro nivel que ese sentimiento dulzón, mezcla de simpatía y atracción, al cual generalmente aludimos al hablar de amor. La vivencia y expresión de amor al cual los seres humanos estamos llamados, incluye a todo ser, sin distinciones, aunque algunos nos atraigan o nos sean más afines que otros. Es el amor como aceptación, respeto y dignificación a todo ser y al planeta en general. Es el reconocimiento del derecho del otro a ser quien es y a estar incluido por mí y por todos en la trama amorosa de la existencia.

El amor brota de la conciencia vivida de que todos somos parte de una unidad que nos contiene. Brota de darse el tiempo para sintonizar con aquello que nos une a las plantas, a las piedras, al cielo, a cualquier ser humano, puesto que en la esencia todos somos lo mismo. Al abrirnos a esta claridad, nos brota una cálida aceptación a todo ser, independiente de sus cualidades o del momento que esté viviendo. Somos capaces de ver que más allá del hecho de que el otro esté bloqueado en sus obstáculos o enlodado, o confuso, o claro, es un ser vivo, sostenido al igual que todos por la esencia amorosa de la vida. Así, podemos sobrepasar el rechazo y aceptar y amar más allá de las circunstancias.

El amor siempre parte de un encuentro personal, íntimo e interior con la calidez que mora en el centro de nosotros mismos. No es posible amar si no he encontrado la fuente del amor en mí, ese estado de conexión con la naturaleza y los seres humanos, esa capacidad de comprender y ver mi centro radiante y el de los demás seres.

Más que un estado de ánimo, es un estado de conciencia y una actitud de vida que nos lleva a buscar lo que une por sobre lo que separa y a brindar, sin distinciones de edad, sexo, estatus, posición social, acogida y aprecio a lo que esa persona es. El amor nos conecta con el centro del otro y deja fuera todas las máscaras. Da lo mismo si de acuerdo a nuestras categorías culturales es pobre o rico, lindo o feo, importante o no.

El amor es una certeza que ilumina la vida y que nos lleva a enfocar nuestras torpezas y las de los demás como un proceso de aprendizaje y evolución, que nos conduce a respetar los ciclos de los otros y a ver detrás de sus caídas y apariencias la esencia resplandeciente, y a unirnos a ella.

El amor es estable a través de los ciclos; a veces se acompasa con un cálido sentir y otros con un fuerte propósito, pero permanece más allá de todos los estados que un ser humano puede cobijar. Aun cuando sea preciso separarse, irse, ya no verse más, el amor persiste como el pensamiento hacia el otro incluido en el campo amatorio de la existencia. La responsabilidad de mantener su chispa encendida es personal, no depende del otro ni de los otros, sino de mi capacidad de mantenerme conectado con mi esencia, desde donde emana la dinámica amorosa del todo.
Patrica May.

3 Comments:

  • At 8:03 p. m., Blogger Djini Domina Venti said…

    Me gusta pero...¿cómo reconozco la fuente amor en mi?

     
  • At 5:27 p. m., Blogger Julia Ardón said…

    Amén

     
  • At 5:10 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Les comparto lo que a mí me ha servido, es un ejercicio diario de conectarme en el eterno presente, es como el lavarme los dientes, saber que si no lo hago diariamente yo misma, nadie lo puede hacer por mi. Lo primero es reconocer la existencia de esa fuente infinita de amor en mí y en otros, reconociendo mi necesidad diaria de ir a beber en ella, como un hecho real y concreto, mirando y sintiendo las fuentes de amor de otros. Tiene que ver con la libertad, con el desapego, dejando los juicios de las personas y de los hechos, sabiendo que detrás de cada hecho hay un sentido, un aprendizaje, que si lo aprendo a internalizar con amor, me lleva a vivir espiritualmente desde el corazón. Cuando hago, pienso, digo lo que siento en mi corazón estoy en esa fuente, que es mi centro, no importa que me equivoque, me equivoco desde el amor, grito desde el amor, callo con amor, asi entro en contacto con el ese fuego consumidor del alma, con eso que en nosotros es puro, que hace que cada uno de nuestros actos, móviles y palabras sean puros y nobles, entendiendo que tras cada hecho debo aprender algo y siento paz en mi alma y ya no soy esa fuente, bebo de la fuente infinita del amor.
    Esto para mí esto es un ejercicio diario de atender y escuchar mis propias necesidades, restaurando el ritual de desarrollo que me permite reconciliarme conmigo misma desde el centro.
    La escuela del amor es la vida misma. Y la vida es en la cocina, en la cama, en los dramas de la vida cotidiana, desde el silencio. Si el amor lo enseñamos desde nuestra propia vida, de nuestra coherencia, de nuestra práctica, esto seria mucho más efectivo, porque son palabras que vienen de la voz del alma, que es la voz de nuestra conciencia.
    La vida nos dio la oportunidad de aprender a amarnos y aprender desde el alma, y cuando estamos aprendiendo estamos viviendo, vivir es aprender, y aprende en nosotros el alma.
    Que haya pureza de intención en nuestra vida, es una práctica de economía energética para la vida cotidiana, es la práctica de la no resistencia. Cuando tenemos pureza de móvil, hay paz en nuestro corazón.
    Atrevámonos a sentir amor por nosotras mismas.

    Maria Ines

     

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